Historias. Somos seres de historias. Es la
manera en la que se aprende, es la manera en la que definimos personalidad,
escogemos nuestros amigos y parejas. Y es que ¿acaso no preferimos aquella
persona que resulta interesante, aun frente a los mejores instintos?
Esa es la base de uno de los tipos de historias
románticas: reunimos a dos personas cuyos conflictos resulten en una historia intensa, de desgracias y angustias. Hollywood
nos ha convencido que es el tipo de historias que valen la pena, que si no hay
una especie de prueba de fuego, situaciones límites o alguna aventura
descabellada el amor es convencional y, por lo tanto, aburrido y finito.
Es quizá uno de
mis mayores problemas con el cine, dentro de muchas otras cosas. No soy una
persona que soporte mucho ver películas y mucho menos cine de arte, así que solo
suelo ver éxitos de Hollywood y todas las películas que he visto últimamente contienen
esta fuerte carga romántica/sexual que resulta absurda –tomando en cuenta de
que ninguna de las películas que suelo ver son específicamente románticas-.
Incluso aquellas películas enfocadas a los niños, cargan poderosos mensajes de
este estilo, disfrazados de inocencia.
Mientras que nos
sometemos al estilo cinematógrafo de contar historias, los libros modernos van
hacia este amor atormentado que nos dice que aquello que no tiene topes en el
camino no vale la pena e incluso glorifican la violencia y el dominio sobre la
pareja de maneras tan sutiles que suelen parecer románticos –la virtud
de la sutileza es el disfraz-.
Esas son las
historias de mucha gente que conozco, de sus relaciones: atormentadas y estúpidas,
apostando que todo será mejor cuando los obstáculos desaparezcan. Pero en la
vida fuera del ideal cinematográfico, eso no pasa.
Hay historias bellísimas
de amor, que no disfrazan nada, que se dan como quien cuenta una anécdota. Hay
algunas en los libros -de los que puedo contarles- y supongo que en la vida.
Y no me vengan
con sus Romeos y sus Julietas, ¡tenían quince años, por amor de Dios! Bien merecían morir, por calientes.

Pero..¿por qué es casi obligado en el discurso narrativo una historia de amor? ¿por qué ni en los documentales es posible dejarlo de lado?
ResponderEliminarPor que finalmente el amor es el conflicto más facil de manejar, y en un dado caso, resolver
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