Julio Verne es un autor recordado por su maravillosa intuición sobre lo fantástico
que puede ser posible, es decir, su capacidad para imaginar las posibilidades
de la ciencia y tecnología por medio de su imaginación. Lo que la gente no
recuerda es uno de los motivos por el que lo hace: su vocación de educador.
Este tema es poderoso en “Veinte mil leguas de viaje submarino”. A finales
del siglo XIX los escritores publicaban capítulos de sus historias en revistas
y periódicos y esta obra fue publicada originalmente en una revista de
educación. No es de extrañar entonces que la obra se incline en momentos a
enseñar lo más que pueda sobre la vida marina que en terminar de contar la historia.
Pero oculto detrás de estas dos gemas brillantes y positivas de la obra -la
imaginación y el aprendizaje- se encuentra uno de los personajes más populares y
al mismo tiempo más oscuros de la historia de la literatura: el capitán Nemo,
el mismo que odia a la humanidad y prefiere mantenerse ajeno a ella. Esto es
uno de las cuestiones más peculiares de la obra.
¿Por qué Nemo odia a la humanidad? No sé si es importante. Sé que hay un
libro donde explica esto, pero aquí no es importante. Nemo es un ermitaño, es
aquel que no pertenece. Nemo es quien tiene los medios para crear, para
construir y explorar. Es quien puede dominar y destruir, también. Pero prefiere
no hacerlo, prefiere no ser nadie.
¿Es una declaración de Verne? Con el riesgo de hacer una sobrelectura, la
pregunta es si Verne quería decirnos algo con este personaje que no viene al
caso con el resto de la fantasía e imaginación del texto. ¿Por qué este
pesimismo en esta máquina maravillosa? ¿Es que solo un loco querría vivir en el
fondo del mar, un lugar reservado para la muerte hasta este momento histórico? ¿Qué
dice del autor, crear un personaje tan poco característico de él?
Desde mi corazón narrativo, la respuesta es siempre la siguiente: el
personaje es una caracterización del mar, un personaje frio y distante que solo
tolera a las personas fuertes, inmune a la codicia y la maldad de la humanidad.
Pero sospecho una reacción del autor; un momento de hartazgo o una decepción
de mundo. El autor siempre debe ser responsable de lo que dice y quizá por no
hacer una declaración obvia y exagerada, creo un personaje que representa su amargura.
Los artistas suelen tener el talento de la sutileza.

me gusto la idea del mar encarnado en Nemo.
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