¿Por qué vale la pena leer “Las afinidades electivas”? Bueno, es Goethe: es
de esos autores que se presumen. Pero si no es bastante, aquí van mis
razonamientos.
Primero que nada y como dije en mi entrada anterior, la historia del libro
es sobre el amor y el deseo como parte de la naturaleza humana y esto puede ser
muy simple para nuestra época donde las telenovelas ponen los estándares del
amor moderno: los amantes son como prendas de invierno, se usan y desechan
dependiendo del frio que se tenga.
Pero las cosas eran diferentes en el siglo XVIII. En esa época se valoraban
cosas como la lealtad y la fidelidad; el espíritu humano se media con la escala
del honor, elemento que se basaba en estas dos virtudes. No solo eso, si no que
las diversas fes defendían estos principios en sus dogmas. El humano no solo
podía abandonar sus juramentos y entrar a las redes sociales donde siempre va a
haber alguien que justifique nuestras decisiones sin importar lo terribles que
eran. No, tenían que vivir con sus consecuencias.
Entonces, “Las afinidades electivas” es el enfrentamiento de poderosos
valores contra un deseo igual de monstruoso. Es el enfrentamiento de la moral
al grado superlativo, al punto en el que el sufrimiento y el completo abandono
de sí mismo es el único paliativo en contra de esta lucha interna.
Todo esto con la bella prosa del autor.
Una sola cosa más debería decir. Como muchos otros autores Goethe presiente
el cambio de su época: ante una reforma religiosa, política y social, el intuye
que el mundo ha de cambiar y sabe que el verdadero enfrentamiento de su época es
moral. No es que esta obra sea una metáfora de esa lucha, pero si es uno de los
múltiples escenarios que traerá: la ruptura de las viejas formas y el doloroso
cambio hacia lo nuevo.
No hago justicia a la obra, porque no me alcanzan las fuerzas. Pero créanme,
si pudiera arrojar libros al mundo, este sería uno.

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