Durante siglos ha habido una correlación literaria de la deformidad y la
maldad. Igual que muchos de los prejuicios actuales, esta idea se ancla en la
superstición: lo que sale de la norma o los estándares de belleza se debe a que
el espíritu esta deforme a su vez. Entonces, constantemente vemos al jorobado,
al bizco o al simplemente ser el villano de las historias desde sus orígenes.
Los villanos guapos son una novedad de este siglo.
“El hombre invisible” presenta una de estas historias del monstruo. En este
caso su deformidad es ser invisible que actualmente puede parecer más bien una
ventaja, pero estamos en universos morales diferentes. El hombre invisible es
un ser único, alguien que adquirió cualidades monstruosas y por lo tanto no
encaja en la sociedad. Su proyecto original es volver a la normalidad, pero, a
poco, va perdiendo la noción de la ley, de la moral… de lo humano.
La novela fue escrita a finales del siglo XIX, junto a muchas otras que trataban
esta dualidad de la raza humana, pero casi todas tienen un aspecto en común: el
monstruo no nacía, era creado; más aún, era creado voluntariamente. La pregunta
del escritor de este siglo es si la maldad se generaba en la mente de los hombres
antes de manifestarse físicamente, lo cual es asombroso para una época en la
que todavía se daban las proverbiales “cacerías de brujas”.
Griffin –el hombre invisible- se encuentra desesperado, solo y paranoico.
Se sabe diferente y, conociendo el mundo en el que vive, se piensa monstruoso. Acepta esta condición y se vuelve un ladrón y
un asesino, empoderándose en su maldad. Griffin desatado se cree un rey.
¿Cuál es el tema de la obra entonces? ¿Es la moralidad? ¿El monstruo humano?
Nunca he estado muy seguro… siempre me ha parecido que es algo que va más con
el siglo que venía: la soledad en la multitud. Somos imperceptibles en el gran
mundo y aun así perseguidos por una masa que pretende someter y alinear. Nuestras
deformidades corregidas en pos de una estructura que no nos pertenece.
No es que Griffin no fuese el villano, pero en tiempos más gentiles y
tolerantes hubiese sido laureado por su descubrimiento y las cosas hubiesen
sido mejores para todos.
No sé, esta es una de mis proyecciones, supongo. Pero ser diferente es algo
que a nadie le molesta, pero que a todos ofende.

En la imagen, H.G. Wells. Perdonen lo simple de la entrada. en estos días la segunda parte.
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