lunes, 26 de septiembre de 2016

El tigre es una metáfora.

Usualmente no veo cine. Es por una causa: las películas determinan desde el principio el ritmo de su narrativa –que depende de la duración de la misma y el tema del que trata- y por lo tanto siento que no tengo control sobre nada de la misma y me termino sintiendo ajeno a la experiencia.

El caso que pongo de ejemplo es una película que se llama “La vida de Pi”. Esta película la vi en el cine en una de esas horrendas salas en las que los asientos se menean sin control para hacer “inmersiva” la experiencia. La película promete que al final tendrás una nueva perspectiva de Dios y que te abrirá los ojos.

La historia es la narración de un chico hindú que, por razones exageradamente convenientes, termina atrapado con un tigre en un bote en altamar. Después se describen las largas y tediosas interacciones de este muchacho con el tigre y su mutua supervivencia. Luego –de la nada- terminan en una especie de isla viviente que se come a la gente. Escapan y terminan en una playa; el tigre se va y el niño sobrevive.

¿Cómo cambiamos nuestra perspectiva de Dios? De ninguna manera, hasta que el narrador pide que sopesemos que historia nos gusta más: si el tigre era realmente un tigre o un hombre, un asesino. Pregunta si la narración fantástica nos gusta más que una realista. Y por eso el concepto de Dios es algo bueno, porque da menos miedo que “la verdad”.

Yo recuerdo estar furioso en este momento. Aparte de que su “reinterpretación” de Dios es simplificarlo como una "verdad más agradable", me hizo pasar dos horas en la más aburrida y lenta de las historias para llegar a ella. “El tigre es una metáfora” es uno de los insultos más grandes que he recibido en todas las historias que conozco.

Esta película equivale a viajar en un tren por dos horas para llegar a donde mismo; es como si un comediante diera un discurso sobre el marxismo de dos horas para poder contar un chiste de Mao Tse Tung; es recordarnos que, pagado nuestro boleto, somos presa de los caprichos de un cineasta durante dos horas.

No es el único caso que me ha pasado, pero esta película en particular me molesta porque ganó una cantidad absurda de premios a pesar de ser una farsa y por eso mismo va a ser punto de referencia de como contar historias. Las películas que quieran ganar Oscares, deberán ser un chiste que se explica y disecciona al final, y en este horrible proceso, tener la esperanza de encontrar profundidad.


No podría, ni cerca, sugerir una solución para resolver este problema del cine. Las películas que me he topado, casi todas resuelven hacer este tipo de cosas como un método de ser sorprendentes o profundas. He aceptado esto como el orden natural de las cosas y como no gusto, no suscribo. Por esto no veo cine. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario