martes, 23 de agosto de 2016

El amor como recurso narrativo

Y termina la película con los protagonistas enlazados en un beso romántico mientras todos sus problemas se disuelven por la gracia del Deus Ex Machina. Todos terminamos con una cierta sensación de insatisfacción y no es por el cinismo de la sociedad moderna, es porque de algún modo no se siente natural. Incluso los raros especímenes humanos que han conseguido la felicidad por medio de su relación con otro espécimen humano se muestran ligeramente suspicaces: nunca resulta tan sencillo como lo hacen parecer.

Luego, olvidamos toda la trama. La cotidianeidad se encarga de eso.

El amor es uno de los más complicados temas narrativos que existen, y aun así estoy convencido  que todos los que hemos intentado hacer literatura hemos rondado como abejas esa flor (zumbando y bailando sin éxito, al menos en mi caso). La dificultad del tema radica en el hecho de que el amor no representa lo mismo para todo mundo; no representa en ocasiones ni siquiera algo favorable.

Pero queremos que lo sea. La mayor tentación del escritor es hacer una historia donde el amor triunfe, quizá como una oración a los cielos o una petición al destino; los escritores raramente se separan de los personajes que crean… Sin embargo, el amor que triunfa mata todo conflicto y por lo tanto mata las historias.

Esto es, por ejemplo, el caso de las telenovelas: cuando se nos presenta a los protagonistas en la primera media hora, sabemos que los trescientos episodios intermedios entre ese momento y la boda de princesa en el final son inconsecuentes. Estas historias están basadas en el concepto del amor triunfante y es la razón por la que vilipendiamos a este formato: todos los conflictos son predecibles y falseados.

Estoy consciente de la gran cantidad de historias de amor que existen en la literatura, pero puedo apostar que ninguna de ellas simplifican al amor como una fuerza mística que resuelve todos los conflictos: En “Romeo y Julieta” el amor no es lo que termina el conflicto entre las familias, es la muerte. En “Anna Karenina” o en “Las afinidades electivas” es el motivo de las angustias y traiciones. En “Grandes Esperanzas” es una mentira vivida gozosamente… el caso más claro es el de “Nuestra Señora de París”, en la que el amor es la fatalidad, el accidente que vuelve a un buen sacerdote en el villano de la historia; sin el amor, habría vivido una vida apacible y pacífica.



Así que, sobre las historias de amor, donde éste triunfa se nos hacen sosas y predecibles. Las historias donde el amor es  fatalidad persisten a lo largo de las eras.

Y es que apuesto que a nadie le ha ido tan bien en el amor como presume.


No sé qué dice de nosotros como especie.

2 comentarios:

  1. Pero siempre tendremos la saga "Crepúsculo".

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  2. parece ser que mientras más retorcido y fatal llega a ser el amor es más auténtico

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