“¡Somos villanos! ¡Es lo que hacemos!” dice la payasita mientras se roba
una bolsa que no volveremos a ver en toda la película de Suicide Squad. La
escena aparece espontánea entre dos escenas de relativa “importancia” y es claro que el objetivo de quien hizo este
desastre secuencial es darle una escena a la payasita –que es un desastre como
personaje… pero eso lo dejo para otra ocasión-. Pero independientemente del
odio que tengo a la payasita, la pregunta es por qué hacer esta transición, por
qué darle este minuto para un diálogo sin causa ni consecuencia.
Desde mi punto de vista, esto se debe a la crisis de narrativa que tenemos
actualmente: los autores tienen mucho miedo de contar sus historias. No puedo
imaginarme cual es la causa, pero puedo intuir que es esta presión por generar “éxitos”
o “grandes obras” o el miedo a ser poco original o creativo. Pero sea cual sea
la procedencia de este temor, lo que está generando son historias más enfocadas
en las artimañas que en el arte.
Artimaña. Trucos para engañar al arte. Suicide Squad es un caso ejemplar:
se vende como una película revolucionaría que romperá un género naciente –el cine
de superhéroes- por las brillantes interpretaciones de sus actores. Pero su
truco de tratar de vender a estos mismos actores es tan céntrico en el proyecto
para sus directores o productores, que a leguas se nota que cortaron y
recortaron el guion para darles a estos vanagloriados actores más tiempo en
escena. Entonces, la narrativa de la película se levanta como un Frankenstein sin
piernas y ojos y trata de llevarnos a algún lugar sin éxito alguno.
No ocupas contar una historia si tienes una payasita con shorts ajustados.
Artimaña.
Esto no es exclusivo del cine, pero es donde es más evidente. Personajes
femeninos hipersexualizados, violentas escenas gratuitas, escenas diseñadas
para convertirse en memes, entre otros cientos de trucos a los que llamamos “hollywoodenses”
(pronúnciese “joliwudenses”) que permiten a los directores salirse con la suya
cuando los guiones no tienen sentido.
Habrá quien piense entonces “yo por eso veo cine de arte”. Bueno, el cine
de arte tiene su plétora de trucos también. Este cine usualmente ronda los
mismos temas y los directores de las mismas –temerosos de ser catalogados como “poco
originales”- usan cierto tipo de escenas que pretenden generar ansiedad,
angustia o confusión. Ejemplos de esto son esas escenas de violaciones
explicitas que tanto gustan a estos directores que, por muy relevantes que sean
en la historia, terminan siendo más importantes que la historia en sí. Otros
trucos son los efectos de cámara, panorámicas, edición y no sé qué tanto más.
¿En verdad la única manera de poder vender tu historia es por medio de
artimañas? ¿Es verdad que ya no tenemos historias que contar y que por eso tenemos
que poner mujeres desnudas en todas nuestras obras para que generen interés? Es
posible. Es muy posible.
Alguna vez participé para una beca de literatura en Michoacán. El resolutivo
es que era poco original y pasé años tratando de descifrar que es lo que
significaba eso, como es que podría sorprender a la crítica especializada. Y
caí en cuenta: “¿sorprender? ¡Yo no soy un payasito!” me dije y dejé de
escribir.
Quizá la crisis de la narrativa es que no se puede contar ninguna historia
si no tienes la artimaña que sorprenda.

Me niego como lector de comics a referirme a la payasita con el nombre de personaje y eso que también odio el personaje en el comic.
ResponderEliminarNi hablar maestro, podría decir algo pero usted ya lo dijo de mejor manera. No tiene nada de malo hacer churros inconsecuentes (de eso vive el cine de Terror). Pero es desagradable y ofensivo que se quiera vender una Coca-Cola en una botella de vino al precio del oro. Por lo demás, siempre viene a mi mente la historia del sastre del emperador. Todos estos "creadores" y comerciantes que han de vendernos nada so pena de ser tildados de ignorantes por no comprar aire.
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