lunes, 3 de octubre de 2016

Las afinidades electivas o las alquimías del amor.

Cuando se menciona a Goethe, casi todos ubicamos a “Fausto”, siendo ésta la mejor obra del autor y del universo –exagerando las palabras de gente en Wikipedia y otros blogs-.

Yo leí “Fausto” en la adolescencia, en esa misma época que se lee “La metamorfosis”, “El extranjero” y otros libros “rudos” para sentir que se es de la contracultura a pesar de estar remitido en nuestras casas, leyendo. “Fausto” era de esos libros que mencionan al diablo y a la persecución del deseo y a pesar de ser todo eso muy lindo, no aterrizó en mí. Me quedé en la idea de que Goethe era un escritor pesado de tendencias místicas insoportables y jamás pasó por mi cabeza leerlo de nuevo.

Pero vinieron “Las afinidades electivas”.

Este libro se escribe un año después de “Fausto” y comienza con una simple premisa: las relaciones humanas son parecidas a las formulas químicas; esto es que, aunque dos compuestos pueden combinarse adecuadamente y ser perfectamente afines, la interacción de otras sustancias pueden romper los primeros enlaces y formar unos nuevos. Dicho de otra forma: las personas, como muchas de las sustancias, son volubles y cambian violentamente al ser expuestos a otros.

Es una novela de temáticas amorosas, por si no es evidente aun.

La historia cuenta sobre Eduard y Charlotte, pareja que se casa después de que ambos enviudan. Eduard había estado obsesionado con Charlotte en su juventud por lo que tenía la certeza de amarla. La pareja es feliz y en su afán de compartir su felicidad, deciden hospedar a El Capitán -un viejo amigo de Eduard- y a la protegida de Charlotte, Ottilie. Estos dos personajes serán los catalizadores de cambio, poniendo en duda el amor de Eduard y Charlotte. Y cuando digo poniendo en duda, es rompiéndolo por completo.

En general, es de esas historias que pueden parecer muy obvias para nuestros días. Pero hay algo de novedad en ello: la idea de que el ser humano se acerca y se separa de otros por naturaleza. Es decir, que un concepto como amor no es una fuerza cósmica inalcanzable o que es otorgado o aceptado por un dios omnipotente: es un proceso humano, natural y, aún más, falible. El humano puede equivocarse cuando ama o cree amar.

Ahora, la obra no es únicamente sobre la ruptura del amor: es sobre de dominio de sí mismo o el enfrentamiento de la moral contra el impulso de la ardorosa naturaleza humana. Los personajes luchan con el impulso de la traición, se arrepienten al dejarse vencer, enloquecen y tratan de recobrar la cordura entregándose a la fatalidad.

¿Cuál es el peso de la obra? Aparte de la poesía y el impecable ritmo con que está escrito, la obra es terriblemente humana para la época en la que está escrita. Hay muchas razones históricas por las que se puede justificar un texto tan “inmoral” como este, pero lo que es cierto es que no escatima en desafiar las  buenas costumbres de la época. Pero fuera de estas razones históricas, lo más importante es esta intuición del autor de humanizar el amor y el odio de tal manera que las obsesiones y la locura parezcan una forma natural de estos sentimientos.

La humanidad roba a Dios el derecho del amor y se quema con él.

Estos son pactos mefistofélicos, mejores que los del mismo Fausto. 

1 comentario:

  1. Aún son temas incomprensibles y polémicos para mí ... porque enloquecer a causa del deseo si es algo natural? porque no se puede aceptar al deseo como algo natural? Solo el amor que se alimenta de deseo y viceversa no genera culpa

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